viernes, 26 de enero de 2018

No quiero escuchar más cosas al oído, que solo son susurros para calmar mi angustia por toda esa tormenta que me podes culpar, pero que en realidad, jamás la supiste frenar cuando la provocaron ajenos.
Esos ajenos, que hoy elegís y siguen siendo tu opción ante tu propia relación.
Esta es mi triste fortuna, amar y decidir partir, porque para que sentir amor si soy como una ficha de ajedrez, que mueves de acuerdo a tus jugadas ante los demás, ya está, la vida debe continuar.
De seguro jamás entiendas lo que es sentir este dolor que corta el alma, que te hace un nudo en la garganta y molesta en el estómago. Las personas siempre somos distintas, pero el secreto de funcionar, es encajar, claramente jamás encajamos. Esta boba por amor, callo y acepto. Y ante cada reclamo obviamente, era un capricho.
No sabía que pedir respeto es un capricho, no sabía que pedir ante determinadas cosas ser prioridad sea un capricho.
Ante todo lo que he visto, sentido y vivido, me considero por ende, la mujer más caprichosa, pero con un ideal del amor, del respeto y de lo que es la pareja, muy diferente a quien elegí en su momento para caminar.

A medida que las horas pasan, las hojas de mi libro se adelantan, hay capítulos que me hicieron derramar muchas lágrimas, hay otros que me fueron un desahogo, pero pese a todo, me siento libre al escribir, porque cada cosa, es real, es tal como la viví, la vi y la oí. Es mi verdad y contra eso, no hay nadie que me pueda cuestionar. 
Cansa, duele, sentirse siempre como un extra pasajero.
¿De qué sirve el amor, sino puede ver el dolor en tus ojos? ¿De qué sirve expresar lo que inquieta, sino hay una resolución? De qué sirve luchar tanto, si todo lo que se expresa es parte de la humedad que solo pasa, nos hace transpirar y luego queda todo si nada pasara.

No existen las noches perfectas, siempre es un temblor de algún sector, ¿hasta cuándo temblara lo real?