El reflejo de un apasionado por la escritura que camino por las calles y
por el país para conquistar las hojas en las cuales dejaba sus huellas con
tinta. Un loco por las aventuras, por la adrenalina en cada acción que le daría
una historia llena de sensaciones, un hombre que tan solo buscaba un punto
fijo, para comenzar a escribir lo que su mente conjugaba junto a su talento de
dejar fluir las palabras como cada hoja que cae en el otoño, de forma natural y
sencilla.
Una personalidad particular que se mezcla con su sonrisa y sus
pensamientos literarios y filosóficos. Una manera de actuar similar a la que un
actor adopta para convertir a su personaje en un gran héroe, conquistando más
de una anécdota en su monologo heroico, distrayendo las risas con un gran
suspenso, dejando en cada mínimo suspiro una cuota de ansiedad por descubrir
que es lo que seguirá dialogando.
La edad le dio experiencia, pero al mismo tiempo un gran conocimiento,
un amplio talento para demostrar su pasión ante quienes aspiran hacer el mismo
recorrido, aquellos pequeños intelectuales que desean elegir la misma
profesión. Las palabras parecen salir sin que quiera, sin forzar su hablar,
simplemente deja que sus labios se desplacen al compas de la melodía que solo
él puede oír, mientras mira a todos aquellos jóvenes que le prestan atención y
le dan un momento más para que pueda cautivarlos con su magia ante las
palabras. En cada mirada puede recoger una gran cantidad de sensaciones, la
admiración por su talento, la grandeza con la cual enfrenta cada historia sin
importar los riesgos que pueda contraer, simplemente se aferra a su libreta y
deja que cada palabra marque un acorde, así al final de la redacción podrá
sonar tan delicadamente como esa canción que le despierta mil recuerdos de su
adolescencia.
Su color caribeño hace juego con su look, refleja la transparencia con
la cual puede ver en su hoja, en la cual dejara que de manera suave se valla
formando el primer párrafo, y así sucesivamente vallan renaciendo de su talento
los demás que deben seguir el hilo de su historia.
Tiene una voz grave pero que por momentos
suena en bajo, como si sus cuerdas vocales quisieran escupir palabras que no le
suenan fieles a su relato. Así es como Cristian Alarcón desarrolla sus
historias, sus anécdotas frente a una cátedra, frente a un público que espera
ansiosamente que empiece a narrar una
nueva historia, como si fuera romeo en plena obra de amor.