Ganar puede ser una palabra de utilización cotidiana,
implicando que se gana cualquier objeto con o sin valor, solo dependiendo del hecho
de tenerlo como propio.
La bendición de ganar es eso que exalta tu alma por consagrarla en paz, por recargar tu cuerpo de felicidad, esa es la verdadera felicidad que explora todas las sensaciones en una sola emoción, una risa que generamos en otro, un abrazo sincero de quien queremos y nos sentimos queridos, la llegada de un ser que ilumina un camino. Eso es ganar, ganar paz interior, sentimientos sinceros, ganar más que cualquier objeto, ganar algo que nos cambia por dentro y regenera nuestra esencia.
La bendición de ganar es eso que exalta tu alma por consagrarla en paz, por recargar tu cuerpo de felicidad, esa es la verdadera felicidad que explora todas las sensaciones en una sola emoción, una risa que generamos en otro, un abrazo sincero de quien queremos y nos sentimos queridos, la llegada de un ser que ilumina un camino. Eso es ganar, ganar paz interior, sentimientos sinceros, ganar más que cualquier objeto, ganar algo que nos cambia por dentro y regenera nuestra esencia.
A veces creemos perder, si, puede que podamos perder muchas
cosas a lo largo de la vida, cosas de valor, cosas que no eran esenciales, pero
también esas cosas que nos desmoronan el alma, un abrazo que ya no estará de
quien amamos, una palabra de consuelo, una mirada de compañía, una risa cómplice,
una persona que implicaba parte de lo que nos consideramos como persona.
Podemos perder mucho de eso, pero hay en determinadas situaciones de la vida
que creemos perder, pero en sí, estamos ganando. Perdemos porque sentimos
dolor, tristeza, pero ganamos con el tiempo, ganamos paz, experiencia y sabiduría
para la próxima batalla donde expongamos los sentimientos.
Los sentimientos, a decir “sentimientos “que palabra tan amplia,
delicada y sensible, que descubrimos con el correr del tiempo que transcurrimos
en el camino de la vida. A veces tan pequeños, otros tan profundos, a veces
contradictorios y otras tan fuera de lo que necesitamos, esperamos o deseamos.
Pero no hay nada que pueda quitarnos esa satisfacción de sentir, ese beneficio que
como seres humanos tenemos, que es poder sentir, ya sea a través de cualquier situación,
momento o experiencia. Esa tristeza que nos destruye el corazón al llorar por
extrañar, sentir que nos falta algo, ese dolor que nos apuñala el alma a encontrarnos
frente a tanto dolor. Pero también están esos sentimientos que nos hacen sentir
vivos, el amar por ejemplo, ese amor que nos vuelve completos seres hipnotizados,
donde vemos todo de color de rosas, volamos, experimentamos, nos dejamos llevar
por mimos y caricias, que sentimiento tan placentero el amar, el estar
enamorado, donde pareciera que el mundo es perfecto, donde el universo es tan diminuto
frente a tanto amor. El querer, es otro de los sentimientos que nos dan vida,
querer por lo que es una persona, por la grata compañía, por la luz que nos
brinda al compartir. El orgullo es uno de los sentimientos que muchas veces es difícil
de entenderlo, otras veces mal implementado, a veces se utiliza el orgullo para
mantenerse en una postura y no para sentirse orgulloso de los logros propios o
ajenos, pero cuando es un orgullo correcto es gratificante sentirlo.
A fin de palabras, que rebuscado parece todo cuando nos
perdemos en los problemas, pero que fácil parece cuando solo nos centramos en
la tranquilidad y en reflexionar lo que realmente son las cosas de la vida.