sábado, 14 de mayo de 2016

diminuto universo

Ganar puede ser una palabra de utilización cotidiana, implicando que se gana cualquier objeto con o sin valor, solo dependiendo del hecho de tenerlo como propio.
La bendición de ganar es eso que exalta tu alma por consagrarla en paz, por recargar tu cuerpo de felicidad, esa es la verdadera felicidad que explora todas las sensaciones en una sola emoción, una risa que generamos en otro, un abrazo sincero de quien queremos y nos sentimos queridos, la llegada de un ser que ilumina un camino. Eso es ganar, ganar paz interior, sentimientos sinceros, ganar más que cualquier objeto, ganar algo que nos cambia por dentro y regenera nuestra esencia.
A veces creemos perder, si, puede que podamos perder muchas cosas a lo largo de la vida, cosas de valor, cosas que no eran esenciales, pero también esas cosas que nos desmoronan el alma, un abrazo que ya no estará de quien amamos, una palabra de consuelo, una mirada de compañía, una risa cómplice, una persona que implicaba parte de lo que nos consideramos como persona. Podemos perder mucho de eso, pero hay en determinadas situaciones de la vida que creemos perder, pero en sí, estamos ganando. Perdemos porque sentimos dolor, tristeza, pero ganamos con el tiempo, ganamos paz, experiencia y sabiduría para la próxima batalla donde expongamos los sentimientos.
Los sentimientos, a decir  “sentimientos “que palabra tan amplia, delicada y sensible, que descubrimos con el correr del tiempo que transcurrimos en el camino de la vida. A veces tan pequeños, otros tan profundos, a veces contradictorios y otras tan fuera de lo que necesitamos, esperamos o deseamos. Pero no hay nada que pueda quitarnos esa satisfacción de sentir, ese beneficio que como seres humanos tenemos, que es poder sentir, ya sea a través de cualquier situación, momento o experiencia. Esa tristeza que nos destruye el corazón al llorar por extrañar, sentir que nos falta algo, ese dolor que nos apuñala el alma a encontrarnos frente a tanto dolor. Pero también están esos sentimientos que nos hacen sentir vivos, el amar por ejemplo, ese amor que nos vuelve completos seres hipnotizados, donde vemos todo de color de rosas, volamos, experimentamos, nos dejamos llevar por mimos y caricias, que sentimiento tan placentero el amar, el estar enamorado, donde pareciera que el mundo es perfecto, donde el universo es tan diminuto frente a tanto amor. El querer, es otro de los sentimientos que nos dan vida, querer por lo que es una persona, por la grata compañía, por la luz que nos brinda al compartir. El orgullo es uno de los sentimientos que muchas veces es difícil de entenderlo, otras veces mal implementado, a veces se utiliza el orgullo para mantenerse en una postura y no para sentirse orgulloso de los logros propios o ajenos, pero cuando es un orgullo correcto es gratificante sentirlo.

A fin de palabras, que rebuscado parece todo cuando nos perdemos en los problemas, pero que fácil parece cuando solo nos centramos en la tranquilidad y en reflexionar lo que realmente son las cosas de la vida. 

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