Estoy haciendo mi mayor esfuerzo, poniéndole toda la
voluntad para salir y no caer.
Estoy haciendo hasta lo imposible. Le estoy poniendo la mejor.
Me cuesta enfrentar el mundo con mi total esencia. Me siento débil, triste, agotada, un dolor en el pecho. Como si mis fuerzas se las consumieran los recuerdos y las lágrimas que caen; es como una película, a medida que comienzan a transitar los recuerdos por mi mente, comienzan a caer las lágrimas, como si anunciaran el inicio del drama.
Estoy haciendo hasta lo imposible. Le estoy poniendo la mejor.
Me cuesta enfrentar el mundo con mi total esencia. Me siento débil, triste, agotada, un dolor en el pecho. Como si mis fuerzas se las consumieran los recuerdos y las lágrimas que caen; es como una película, a medida que comienzan a transitar los recuerdos por mi mente, comienzan a caer las lágrimas, como si anunciaran el inicio del drama.
Suspiro, cierro los ojos e intento concentrarme. Me cuesta.
Todo me cuesta mas, incluso dormir. Billones de pensamientos llegan a la hora de conciliar el sueño, pero también aparecen cuando miro el cielo, escucho una canción o alguna frase de los libros me traen una secuencia que le traslada a un recuerdo. Todo deriva en igual punto.
Los recuerdos me llevan a los pensamientos. Los pensamientos atraen los recuerdos. Es un factor que no deja de aparecer en mi cotidiano. Es incluso, a veces, muy fastidioso.
No quiero estar triste, no quiero llorar, no quiero no tener ganas, no quiero no querer.
Instantes de lucidez y de euforia me llevan a sobrecargarme de la realidad y de lo que vengo días tras días trabajando y luchando.
No quiero, no voy a perder todo lo que me conllevo tanto esfuerzo. Lo que requirió de doble voluntad, sacrificio muchas veces para satisfacer todas las expectativas.
Me aferre tanto a la idea de tenerte tanto
tiempo, que intente perfeccionarme para lucirme bien y en ese intento, te
elevaste y hoy no sos parte del destello más grande de cometas ante estrellas. Todo me cuesta mas, incluso dormir. Billones de pensamientos llegan a la hora de conciliar el sueño, pero también aparecen cuando miro el cielo, escucho una canción o alguna frase de los libros me traen una secuencia que le traslada a un recuerdo. Todo deriva en igual punto.
Los recuerdos me llevan a los pensamientos. Los pensamientos atraen los recuerdos. Es un factor que no deja de aparecer en mi cotidiano. Es incluso, a veces, muy fastidioso.
No quiero estar triste, no quiero llorar, no quiero no tener ganas, no quiero no querer.
Instantes de lucidez y de euforia me llevan a sobrecargarme de la realidad y de lo que vengo días tras días trabajando y luchando.
No quiero, no voy a perder todo lo que me conllevo tanto esfuerzo. Lo que requirió de doble voluntad, sacrificio muchas veces para satisfacer todas las expectativas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario