Pequeñas luces sobre mi escritorio, iluminando mi
computadora, un corazón con mi nombre, una foto de niña, algunas gorras
colgadas recordando quien soy.
¿Quién soy?
¿Quién soy?
La chica rara, sol alexia, la rubia, chini, alex y unos
cuantos apodos más que me hacen voltear cuando los pronuncian. Además de esos
nombres, tengo una absurda capacidad de observar el mundo, una mirada efusiva
del todo ante un universo y si, sé que tal vez alguno que otro cuestiono o diga
“que hincha pelota con el universo”, pero la verdad NO ME IMPORTA.
No porque no quiera a esas personas, sino porque entiendo que no pueden sentir esa magia y esas energías que derivan y recorren nuestro cuerpo como la vida. Lo entiendo, respeto que no lo compartan, pero nada ni nadie podrá hacer que no crea en esto que para mí es parte de mí, de mi vida, de mi existencia.
No porque no quiera a esas personas, sino porque entiendo que no pueden sentir esa magia y esas energías que derivan y recorren nuestro cuerpo como la vida. Lo entiendo, respeto que no lo compartan, pero nada ni nadie podrá hacer que no crea en esto que para mí es parte de mí, de mi vida, de mi existencia.
Entre deseos, sueños, anécdotas, historias, tatuajes y una sabiduría
para luchar, sobrevivo como puedo o como me sale a veces. Con un poco de allá,
otro poco de acá y algo del universo, sonrió. Camino, observo, respiro e
intento enfrentarme a lo que el destino destello en mi historia.
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