domingo, 1 de septiembre de 2013

Que error habrá en mi pecado, que cada acción determina un efecto reciproco en mis estados de animo.
Es sonreír y llorar al mismo tiempo, es caminar y correr, es bajar la velocidad y de repente detenerme.
Es enamorarme y perder en el intento, es soñar y dejar que los sueños vuelen es la cordura perdida hace mucho tiempo.
Esta presente en la conciencia de que no existe la felicidad absoluta, que solo se experimentan momentos de felicidad, esos momentos quedan intactos, guardados, conservados como un tesoro muy delicado, que son la fuerza de voluntad cuando el alma comienza a caer como ojos en otoño, cuando las lagrimas caen como la nieva en pleno invierno, tapando todo lo se hacia sentir cálido.
Si no encuentro un error mas coherente en este pecado, deberé replantearme si realmente vale la pena seguir luchando bajo los efectos de la hipnosis de una sonrisa perdida.

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