miércoles, 13 de marzo de 2013

Caminar.

Si camino para no perder el rumbo, es porque encontré esa cuota cálida que le faltaba a mi andar.
Si enfrente el océano, después de casi perderme en un rió, fue porque decidí no vencerme por los obstáculos. Me lance a nadar aunque pudiera no llegar.
A todo aquello que enfrento, lo que me debilita por momentos, eso que tanto pudo lastimar, y dejo sus secuelas, es lo que hoy me da fuerzas para seguir y no caer.
Después de enfrentar una tras otra batalla, perdiendo alguna de ellas sea de paso, sigo camino, porque nada es indispensable en esta vida para soñar y crecer, solo se fortalece con fe.
 

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