Al creer hacer lo correcto, perdí en el intento.
Al perder, cien dudas llegaron después.
Detrás de ese error, se perdió el verdadero amor.-
Ese verdadero amor, era cual propicio para sonreír y conservar la paz.
La paz era el apodo adecuado para resaltar la capacidad de su sonrisa, así como también su cuerpo el escupo perfecto ante cualquier acto que pudiera generar lagrimas.
Hoy en forma descubierta, el mundo se transforma en el lugar mas inseguro, mas terrorífico como para seguir caminando, es hora tal vez de ocultar sentimientos y refugiar lo poco que queda en calidad de esencia personal.
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