Alto,
fuerte, a veces temeroso, gris, inmenso por momento, a veces su altura
disminuye, pero vuelve a elevarse, así es este Muro.
Es
el que antes solo aparecía en los momentos más desequilibrados, pero jamás tan
alto, tan fuerte, y con tantas capas impermeables, hoy está firme, inamovible,
está ahí, sujetando las sensaciones, cubriendo el corazón, intentando mantener
unidas todas esas partes que se desunieron. Su función es proteger la parte más
delicada de un ser humano, "el corazón", ese órgano vital para la
vida, ese mismo que se acelera cuando un aroma nos pone la piel de gallina, el
mismo que palpita aceleradamente cuando nos encontramos en una situación caótica
o en esos momentos donde nuestro cuerpo exalta de sensaciones cálidas, el mismo
que nos indica con su palpitar que estamos vivos y nos acompaña en cada momento
donde debemos ser nosotros, donde caminamos y decidimos.
Este
muro aparece solo, cuando ya está al punto del quiebre el corazón. Qué
extrañeza es pensar que un órgano es el que nos hace sentir o por lo menos es
lo que creemos, estudios científicos afirman que las sensaciones son producto
del cerebro y no del corazón, que solo es un órgano que palpita para impulsar
la sangre que nos recurre por todo el cuerpo. Pero cuando sentimos, específicamente
cuando la angustia nos quiebra la voz, es más simple decir "me duele el corazón",
"me lastimaron el corazón", solo por una cuestión de fonética,
abreviación de una explicación más amplia, solo por el hecho de una costumbre
lingüística, cultural y social de años atrás que trascendió y se estableció.
En
cuestiones literarias u de la vida cotidiana, no es necesario expandirnos por
lo científico, no es necesario, sobran los detalles sobre fisiología, anatomía
o histología humana, porque nada de lo que digan las enciclopedias, van a hacer
que no pase por nosotros, por nuestro cuerpo, nuestros órganos, nuestro corazón
esas sensaciones que transmite el cerebro,
Hasta
el funcionamiento de nuestro cuerpo es complejo de explicar y aun más de
entender si no tenemos el deseo de saber, porque no lo sería la vida y el
asunto de las sensaciones y sentimientos, no podía ser fácil, tenía que ser un
gran desafío dentro de la travesía de descubrir la vida. Y al ir descubriendo
la vida descubrimos los sentimientos, y a través de ellos lo que son las
sensaciones. El sentimiento de amor, ese que nos ha desvelado, acelerado el
corazón cuando nuestro cuerpo se encontraba rozando con el ser que nos despertó
el amor, ese deseado amor, ese que tanto se espera y tarda en llegar y cuando
llega no es fácil de congeniar, ese que tanto hablan pero que realmente pocos
lo sienten. El amor es el que se liga a los deseos y directamente lo
relacionamos con el corazón, porque es él, el que nos indica que ese aroma
cerca nuestro es el que quisiéramos sentir cada mañana, es el que se exalta
cuando los suspiros de excitación nos delatan con el palpitar del mismo, es el
que nos impulsa a esos actos descabellados por solo decir "lo hice por
amor", el amor es el que nos llena de felicidad. El amor es el primer
sentimiento que descubrimos, pero después de ese maravilloso estado, llegan los
que no tanto nos agradan, sigue la decepción, ese sentimiento que nos arrebata
los sueños, por encontrarnos con algo que realmente no es. Decepción, es el estado
causado por un desengaño, es cuando descubrimos que fuimos engañados, que nos
mintieron, nos traicionaron, no fueron leales ni sinceros, cuando los actos no
coinciden con las palabras y nos sentimos devastados, con un nudo en la
garganta, con una presión en la boca del estómago que podría explotar en
cualquier momento, sentimos como se cristalizan nuestros ojos y de apoco las lágrimas
por más que queramos contenerlas comienzan a caer lentamente. Es increíble como
nuestro cuerpo puede expresar lo que sentimos, como nos delata y nos cambia
hasta el color de nuestra piel, el sentido de nuestra mirada y hasta incluso
puede quebrarnos la voz. La tristeza es ese estado más caótico, uno de los
peores que podemos conocer, porque nada de lo que podamos decir o escuchar
podrá calmar eso que sentimos. Hay diferentes maneras de sentirla, diferentes
maneras que nos atraviese el cuerpo e incluso grados, la verdadera tristeza, la
profunda, es esa que nos aniquila el alma, la que nos hace llorar sin cesar, la
que hace que sintiéramos el mundo frío, como si un vidrio lentamente atravesara
la superficie del corazón, es ese dolor que por más palabras se es difícil de
explicar en su totalidad, es sentir como la luz de tu vida se desvanece por más
intentos de escapar de ella.
Es
por eso que El Muro se levanta, son barreras que suben juntas a la cima, sin
dejar que este quede al descubrimiento, es el que nos aparta de sentir
intensamente, el que nos pone un freno antes de estallar y destruir las señales
que son remitidas por nuestro sistema nervioso. El mundo es objetivo y real,
siendo captado por los sentidos, dice Aristóteles. Los sentidos son los cinco
elementos vitales que poseemos, a través de ellos descubrimos las sensaciones
que nos producen las cosas y las personas.
El
muro es el que protege la integridad que nos queda y nos permite frenar antes
de estallar.
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