Somos eso que se siente, pero no se puede contar; se hace
tan diverso poder explayar y detallar magia que construimos y transformamos
cuando somos parte del universo.
Somos dos seres que llegan en un punto a ser uno, componiendo adrenalina, rebeldía, música, palabras que transforman la esencia a niveles infinitos.
Somos dos seres que llegan en un punto a ser uno, componiendo adrenalina, rebeldía, música, palabras que transforman la esencia a niveles infinitos.
En lo particular me pierdo, me elevo, me dejo llevar, me
olvido del mundo. Literal; solo puedo concentrarme en las palabras que
intercambiamos. Mi mente se detiene, mi imaginación se frena, porque todo lo
que se puede imaginar, lo estoy viviendo en ese momento, sintiéndolo, dejando
que mi esencia; mi ser interno este presente y sea el protagonista.
Eso es lo que me da, la paz para dejarme ser, quererme y dejarme
querer. Disfrutando del tener frente a mis ojos la mirada mas sincera y
transparente, donde las palabras mas delicadas finalizan con una sonrisa.
Me gusta sentirme libre, mirar la ciudad desde once pisos
mas arriba y poder ampliar el habla; ese hablar fluido, distendido, sincero,
autentico, bajo el juicio personal. Once pisos más arriba veo el paisaje mas
lindo, sintiendo y viendo con mis reflejos, una sonrisa que me acompaña al
lado, un suspiro de armonía, una voz que acompaña mi pasar.
Mil cien metros mas arriba de lo llano de la ciudad, después de la hora pico de la ciudad, entre dos, construimos el paisaje perfecto. Hay silencio, imposible de creerlo.
Mil cien metros mas arriba de lo llano de la ciudad, después de la hora pico de la ciudad, entre dos, construimos el paisaje perfecto. Hay silencio, imposible de creerlo.
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