Desde abajo, aferrándome a recuerdos y lejanas sonrisas, secándome las lagrimas y eligiendo un tema para cambiar de sintonía, así desafinan y encuentro una vez más el equilibrio.
Porque todo se basa en ese equilibrio en el cual llevemos nuestra mente y esencia a una profunda armonía. Entre energías y cálidas sonrisas, el alma recibe caricias y comienza a aliviar un profundo dolor.
Toda historia tiene su final, pero depende de uno que forma darle a esos párrafos y cuantos capítulos dedicar. Yo pensé tener una vida para escribir y me encontré sin poder plasmar, me frene, me detuve en un punto, que conlleva esfuerzo y encontrarme para indagar entre letras.
Voy y vengo, la verdad no tengo mucho que perder. Estoy dispuesta a seguir cometiendo errores y aprender. Descubrí que de la única manera que puedo sobrevivir es a través del amor.
Me mata la curiosidad, aunque en el fondo sea cualquier verdad. Perdón que lo presuma, pero el ir y venir me enseñó una cualidad, puedo leer los ojos y jamás me dejare vencer sin antes intentar ver.
No puedo ocultar mi esencia, no se puede ocultar lo que se siente, lo que sé es, cómo nos reproducimos en sintonía y melodías contagiosas a la hora de creer. Los presentimientos guían cualquier parecer, no hay nada que no esté destinado. Creer para ser, como creer para ver.
Extraño perderme entre música y movimientos que acompañan esa frecuencia que exalta la cabeza, el cuerpo y el universo. Me la paso buscando excusas para bailar o cantar, porque estoy convencida que la música transmuta cualquier sensación y te lleva a conectar desde otro lugar.
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