No sabía el porqué de muchas cosas y ahora está más que claro.
Una y otra vez, diferentes rutas, pero siempre hay un lugar que anhelar.Hay un punto, donde el horizonte es perfecto y el destello del atardecer abraza el alma, ahí, la duda no existe.
Perderse en una mirada, es un acto de segundos, que puede conducirte a lo más sincero y placentero.
Observando, percibiendo, y sintiendo, el alma se deja ser por completo y ahí, es cuando los fantasmas se asustan de la valentía que renace desde adentro. Huyen y la claridad hacia la felicidad es una acción que cada uno debe de impulsar.
Todo cambia después de entender que la vida es un instante.
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