Quien pudiera entender las vueltas que la vida nos da cuando menos lo esperamos.
Esas vueltas que descoloca nuestra equilibrio, tanto para bien como para mal.
Esas vueltas donde tu mundo queda de pies y el corazón en alto, envuelto de ilusiones, risas, caricias, que en cada desenvoltura solo se encuentra más verdad, sinceridad, ¿ quien lo pudiera creer? Difícil de creer, pero a veces, a veces pasa, y nos deslumbra el alma y las perspectivas de lo que creímos amor cambia.
Porque tenemos esa rara manera de pensar, creemos merecer el amor que recibimos, ese amor egoísta, que nos consume, que nos prohíbe, que en realidad no es amor, no es más que una relación enfermiza en la cual cedemos, permitimos, solo por complacer, y entendemos eso cuando aparece ese quien nos alimenta los deseos, nos acaricia el alma, nos acompaña y nos sonríe en cada paso. Ese amor existe, y también lo merecemos, eso es realmente amor.
El amor es eso, eso tangible, el amor es aquel que sentimos cuando sonreímos, lloramos, cuando al crecer se alegran por nosotros o nosotros por el otro. Es amor cuando tu alma se desmorona y el otro inventa mil manera de acurrucan cada pedacito para curarlo.
El amor es libertad, es sentir y expresar, es compartir y aventurar.
El amor es esa dosis de energías para vivir y proyectar.
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