El paisaje más tétrico es aquel que nos corrompe el alma, nos llena los ojos de lágrimas y nos desmorona la ilusión que era el vestuario que llevábamos para ese dia, para esa ocasión que de ser especial pasa a ser inmoral. Inmoral porque no va de la mano con nuestros ideales, valores, principios y lealtad ante lo que son los hechos atados a los sentimientos.
Sentir es la construcción de acciones que juegan a la par, confiar es el acto de amor más leal, sonreir es afirmar la revolución de sensaciones que llevamos dentro, una mirada sincera es desnudar el alma y confirmar que eso que sentimos está ahí, sin poderse ocultar.
¿Amar? la palabra más ambigua que conocí en el trayecto de mi vida, conocí diferentes tipo de amores, el amor de familia, el de un amigo, el de una pareja, pero el amor primordial es el propio. ¿Como pretendemos que nos amen, si no nos amamos por completo a nosotros mismos? El primer error que cometemos como ser humano, amar a otros antes que a nosotros mismo. Si no nos amamos a nosotros mismos, ¿como llegar a ser felices? ¿Si no imponemos respeto en nosotros, quien nos va a respetar? Si nos respetamos a nosotros mismos, sin dejar de lado nuestros valores, va a ser ahí cuando nos respeten, cuando ante una situación sepamos que nada importa mas que nuestra moral y bienestar. Si nosotros no nos respetamos menos lo va a ser otro, jamas seriamos una persona respetable ante ninguna situación.
Si ante tanto que recorremos encontramos tropezones, porque a veces no mejor SALTAR, esquivar, buscar la vuelta para que eso que molesta deje de ser un impedimento y sea un incentivo para avanzar.
En ese salto para esquivar es cuando SOLTAMOS, cuando tocamos el cielo y nos sentimos seres únicos, donde solo queremos disfrutar la tranquilidad, la alegría, el amor propio y del otro, porque en ese momento donde el cielo es la cima de nuestra paz es cuando soltamos todo eso que llevamos arrastrando por miedo, porque nos causa dolor, tristeza, melancolía y hasta incluso culpa. SOLTAR es el remedio a tantas lagrimas que derramamos cuando los recuerdos se chocan con nuestra realidad.
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