lunes, 1 de abril de 2019


Somos seres de energías.
Un constante intercambio se produce en nosotros y con nuestro entorno.
Creer nos mantiene vivos cuando algunas esperanzas se esfuman. Vivir ya es un privilegio, todo lo demás son deseos.
Tener sueños te hace diferente, aspirar a algo más te convierte en un loco y ni te cuento si crees en el universo. A todo esto además de loca me debo llevar unos cuantos adjetivos.
Pero no puedo mentir diciendo que no creo en el Universo, ni que no tengo sueños ni que no aspiro a algo más, a ser más. Cuando cada segundo que se anota a mi cronología esta curtido por fragmentos de sueños, galaxias, deseos, aspiraciones, proyectos, canciones e incluso estrellas.
A esta altura como me puedan denominar no me afecta. Realmente disfruto de la combinación que me conforma, amo encontrarme sola y dejar que mi esencia rija en la soledad.
La fascinación por lo que deseo no puede opacarse, ni tiene chances de irse, porque considero que cuando uno desea desde lo más profundo de su ser, por más que los sucesos nos sacudan, si realmente apostamos esa fe en el universo, en nosotros mismos, en la fortaleza que podemos encontrar, todo puede pasar y ser como alguna vez lo imaginamos.
En un mundo donde el poder produce guerras, donde la naturaleza toma revancha, donde la política nos divide de lo más importante, ¿Qué puede tener de malo creer en un Universo?

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