Mientras la
vida sigue corriendo de manera tal que el reloj sigue sumando vueltas alrededor
de los números, yo sigo esperando la delicada sensación de volver a amarte, de
volver a encontrarte, de volver a mirarte y decirte: esto es producto del
destino, todo sucedió por alguna razón, hoy volvimos a estar acá, en el lugar y
la hora exacta para seguir escribiendo este inmenso capitulo.
Pero tal
vez esperar no sea lo mejor, tal vez debería o deberíamos de olvidar lo que fue
en su momento la complicidad de nuestras almas, y dejar que nuestros camino se
alejen. Siempre están esas acotaciones que nos hacen volver a cruzar nuestros
recuerdos, pero definitiva no somos capaces ni lo suficientemente audaces para
volver a dirigir la primer palabra.
De qué
sirve extrañar si no habrá nada que saque esa sensación, de que sirve amar si
ese amor queda intacto por más que los meses sigan pasando, de que sirve seguir
teniendo esos proyectos guardados con cariño si cuando pensamos en ellos,
siendo un poco coherentes sabemos que no se podrán concretar.
No tiene
sentido seguir sintiendo, no vale de nada seguir acumulando los recuerdos como
algo que se encuentra en el presente, todo es parte del pasado, tal vez lejano
o por ahí cercano, pero en fin todo concluye en pasado.
Un pasado
lleno de emociones, lleno de sentimientos jamás vueltos a encontrar, proyectos
que quedaron tan solo plasmados en la imaginación y un anhelo en volver a
sentir como se desmorona la conciencia en un beso.
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