jueves, 21 de noviembre de 2013

Un ángel se fue, llevándose la mitad del alma de su madre



     -Mi hijo murió como un animal, mi hijo corrió muchos metros para que no lo maten, pero no pudo salvarse – exclamó María Victoria Sánchez con sus ojos llenos de lágrimas, mientras  narraba su historia y la pérdida de su hijo Jordán.
  Una mujer llena de fortaleza,  de vida y esperanza, aunque parte de su alma se haya desmoronado en el instante que tuvo que soltarle la mano  a uno de sus cinco hijos.  A sus 44 años, después de haber transitado muchas experiencias con aquellos seres que llevan su legado, enfrentó una de las situaciones más difíciles de su vida, enfrentó la realidad más dolorosa de saber como su segundo hijo moría lentamente ante los maltratos que recibía en La unidad 32.
  Victoria, mientras va contando su historia, hace mención a aquello que le gusta, y queda entre sus palabras y actividades remarcado que es una mujer muy culta. No tuvo la oportunidad de abocarse demasiado al estudio, debido a que a los 16 años se caso y a los 17 ya fue madre de su primer hijo. Pero pese a ello estudio enfermería, y es la vocación que hoy ejerce, resaltando también entre las oración que le gusta el teatro, la música y el arte. La opera es uno de los estilos que lleva arraigado en sus gustos, ya que fue una de las cosas que le regalo su padre durante su educación.
  Una historia que conmueve, palabras sinceras disfrazadas de fuerza pero con un profundo dolor, un futuro que no imagino y un presente rodeado de recuerdos del pasado. Victoria dedico su vida solo y exclusivamente a sus hijos, pero la partida de Jordán arrebato todo aquellos sueños que construyo desde aquel momento que lo tuvo por primera vez en sus brazos en el hospital Gutiérrez de La Plata. Jordán nació el 19 de agosto de 1989, un día que parecía invierno, el cielo se encontraba cubierto de nubes, se anunciaba una tormenta y ella rogaba que no comiencen a caer las primeras gotas que anunciarían un gran diluvio.
Ese día por la tarde comenzó con las contracciones, junto a su marido comenzaron a caminar para poder llegar al hospital y traer al mundo a su segundo hijo varón. Vivía a siete cuadras del hospital, en el Dique- Ensenada,  asique debió salir caminando ya que la pobreza era el factor que los golpeaba todos los días y se encontraban en una gran humildad en aquel momento. Fue toda una odisea poder llegar hasta la puerta de la sala de maternidad, ya que daba unos pasos y debía parar porque las contracciones eran cada vez más seguidas; Jordán quería salir de ese universo interno y conocer el maravilloso mundo en el cual crecería.
Dio a luz en la habitación, tenía muchos dolores pero la doctora le decía que aun faltaba para que pudiera empezar a parir, pero de un momento a otro comenzó a asomarse la cabeza de Jordán. No llego a la sala de parto, no podían pasarla a la camilla, asique comenzó a pujar y salió del útero ese pequeño morocho de 3,400 kilogramos y 52 centímetros. Victoria cuenta ese momento con un poco de ironía, y describe a su hijo como un espanto, pero ese espanto la enamoró cuando abrió los ojos con sus primeros minutos de vida, unos ojos totalmente negros, un negro profundo que no dejaba distinguir el iris con el resto del color del ojo.
Doce y treinta y cinco de la madrugada y un nuevo amor de madre e hijo comenzaba a construirse. Ese pequeño que solo observaba con tan solo horas de vida su alrededor, iba a ser quien se lleve parte de la vida de su madre cuando su partida se pronunciaría de manera repentina en su corto trayecto.
  Mientras el tiempo transcurrió, Jordán y Victoria establecieron un lazo muy particular. Tenían una relación muy especial, y él tenía esa mirada tan dulce hacia ella. Jordán comenzó a leer a los 4 años y tenía un lenguaje muy fluido, a pesar de ser muy rebelde era un joven muy intelectual y detrás de todas sus travesuras se hallaba un niño muy culto.
  A pesar de vivir en la pobreza y ser una familia muy humilde, Victoria siempre les enseño a sus hijos a compartir e inculco en ellos muchos valores sobre la vida y el hecho de ser solidarios con quienes se relacionaban. Es por eso, que ella mientras va contando diferentes anécdotas de lo que fue la niñez de su hijo, resalta determinados recuerdos donde pone en evidencia esta  cuestión de demostrarle que siempre hay personas que tienen menos que otros.
 Victoria detiene su relato  y toma aire, necesita contener sus lágrimas al recordar aquella parte de su vida cuando sintió el amor verdadero, cuando supo al ver a ese pequeño que su vida cambiaria,  - Fue un hijo muy especial y fue un parto que nunca me lo voy a olvidar, nunca. Gracias, gracias por hacérmelo recordar- Exclamo mientras secaba algunas de aquellas lagrimas que se escaparon en el momento que pronunciaba aquellas palabras.
  El 21 de abril del 2013 Jordán fue asesinado en la Unidad 32, pero anteriormente había estado detenido en la Alcaidía Petinatto de la cual se escapo limando los barrotes. Desde ese entonces la policía le tomo bronca, y cuando volvieron a capturarlo comienzan a golpearlo, según le cuenta a su madre. Por esta razón Victoria pide una medida cautelar, ya que Jordán suponía que en algún momento algo malo le pasaría y así fue.
  Ese día de abril, mientras esperaba la visita de su familia Jordán, es sorprendido por José Alejandro Muñoz Zapata, un preso de 27 años quien estaba acusado de tres homicidios. Fue él quien le atravesó el corazón a Jordán con una faca de casi 50 centímetros.
 Victoria cuenta ese suceso con tristeza pero al mismo tiempo con una gran impotencia, porque no puede entender como un preso pude llegar a tener en sus manos un objeto cortante, ya que antes de entrar a la unidad las visitas son revisadas y controladas, para que no puedan ingresarle a los detenidos ningún tipo de objetos que puedan llegar a lastimar a otros ni a ellos mismos.
 El momento en el que Jordán es herido, ningún oficial hace nada para ayudarlo, dejaron que se desangre aproximadamente 15 minutos y después es trasladado al hospital en el cual muere. La faca le toco la vena aorta, que es la principal que distribuye toda la sangre al cuerpo, cuando es lastimado, el sigue corriendo, hasta el momento en el que cae frente a un compañero, pero ya nada se podía hacer. Si las personas que tenían el poder ahí adentro no intentaron hacer nada, un simple preso tampoco podía salvarlo.

 Victoria llena de dolor sigue dialogando con quienes le hacen preguntas, recordando partes de la infancia de su hijo y todo aquello que hace que sus ojos se llenen de lágrimas. No hay nada que pueda quitarle esa tristeza que la acompaña todos los días, vive en una constante lucha. Ya no solo es una lucha personal por su hijo, sino una lucha donde ella no quiere que más jóvenes pasen por eso que tanto marco su vida.
 Ella perdió a su hijo, pero no va a permitir que mas jóvenes pierdan sus vidas ahí adentro o en cualquier otra cárcel. Hay corrupción, es inexplicable la manera en la cual los presos que deben de cumplir condena perpetua puedan conseguir droga, objetos cortantes y hasta muchas veces puedan cumplir con sus antojos, desde un fernet hasta una tableta de rivotril para calmar sus nervios.
- Yo no lo deje al luto, sabes que yo a veces me pregunto si realmente hice el luto, no sé si hice- Dijo victoria mientras las palabras suenan entre cortadas al recordar el momento en el cual se despidió de su hijo. El día del velorio de Jordán, victoria se acerca al cajón y le despega la boca y se inclina hacia él, para tirarle un poco de su respiración. Al hacerlo le exclama que se lleve un poco de ella, que se guarde un poco de su alma, en ese momento se revolcaba porque cerraban el cajón y sabia que no volvería ver a su hijo.
 Recuerda ese momento con mucha tristeza y dolor. Y recuerda que no quería que cierren el cajón, pedía verlo  por última vez, y así sucesivamente, quería volver a abrazarlo y besarlo. Desde ese momento parte de su vida tomo otro rumbo, ya no solo lucharía por superar esa pérdida, sino que seguiría dedicando parte de sus fuerzas a ayudar a los demás presos.
 Una señora que a simple vista presenta una gran elegancia, pero una mirada llena de nostalgia y desconsuelo, pero mas allá de eso sigue luchando por los cuatro hijos que le regalan sonrisas y un gran afecto.
 Victoria le pide al público, que la ayuden a seguir adelante con aquella gran pelea de que los detenidos puedan insertarse en la sociedad y que la corrupción disminuya. No quiere que mas victimas mueran por maltratos o que no se tercioricen los asesinatos en las cárceles.
 Una charla, un relato, una autobiografía que conmovió a quienes la escuchaban, no solo narro la pérdida de su hijo, sino que transmitió miles de sentimientos y sensación con sus palabras. A veces es difícil de comprender el dolor ajeno, pero Victoria logro con la simpleza y la sinceridad contagias esa angustia en cada uno de los oyentes. 

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