-Mi
hijo murió como un animal, mi hijo corrió muchos metros para que no lo maten,
pero no pudo salvarse – exclamó María Victoria Sánchez con sus ojos llenos de
lágrimas, mientras narraba su historia y
la pérdida de su hijo Jordán.
Una
mujer llena de fortaleza, de vida y
esperanza, aunque parte de su alma se haya desmoronado en el instante que tuvo
que soltarle la mano a uno de sus cinco
hijos. A sus 44 años, después de haber
transitado muchas experiencias con aquellos seres que llevan su legado,
enfrentó una de las situaciones más difíciles de su vida, enfrentó la realidad
más dolorosa de saber como su segundo hijo moría lentamente ante los maltratos
que recibía en La unidad 32.
Victoria, mientras va contando su historia, hace mención a aquello que
le gusta, y queda entre sus palabras y actividades remarcado que es una mujer
muy culta. No tuvo la oportunidad de abocarse demasiado al estudio, debido a
que a los 16 años se caso y a los 17 ya fue madre de su primer hijo. Pero pese
a ello estudio enfermería, y es la vocación que hoy ejerce, resaltando también
entre las oración que le gusta el teatro, la música y el arte. La opera es uno de
los estilos que lleva arraigado en sus gustos, ya que fue una de las cosas que
le regalo su padre durante su educación.
Una
historia que conmueve, palabras sinceras disfrazadas de fuerza pero con un
profundo dolor, un futuro que no imagino y un presente rodeado de recuerdos del
pasado. Victoria dedico su vida solo y exclusivamente a sus hijos, pero la
partida de Jordán arrebato todo aquellos sueños que construyo desde aquel
momento que lo tuvo por primera vez en sus brazos en el hospital Gutiérrez de
La Plata. Jordán nació el 19 de agosto de 1989, un día que parecía invierno, el
cielo se encontraba cubierto de nubes, se anunciaba una tormenta y ella rogaba
que no comiencen a caer las primeras gotas que anunciarían un gran diluvio.
Ese día por la tarde comenzó con las
contracciones, junto a su marido comenzaron a caminar para poder llegar al
hospital y traer al mundo a su segundo hijo varón. Vivía a siete cuadras del
hospital, en el Dique- Ensenada, asique
debió salir caminando ya que la pobreza era el factor que los golpeaba todos
los días y se encontraban en una gran humildad en aquel momento. Fue toda una
odisea poder llegar hasta la puerta de la sala de maternidad, ya que daba unos
pasos y debía parar porque las contracciones eran cada vez más seguidas; Jordán
quería salir de ese universo interno y conocer el maravilloso mundo en el cual
crecería.
Dio a luz en la habitación, tenía muchos
dolores pero la doctora le decía que aun faltaba para que pudiera empezar a
parir, pero de un momento a otro comenzó a asomarse la cabeza de Jordán. No
llego a la sala de parto, no podían pasarla a la camilla, asique comenzó a
pujar y salió del útero ese pequeño morocho de 3,400 kilogramos y 52
centímetros. Victoria cuenta ese momento con un poco de ironía, y describe a su
hijo como un espanto, pero ese espanto la enamoró cuando abrió los ojos con sus
primeros minutos de vida, unos ojos totalmente negros, un negro profundo que no
dejaba distinguir el iris con el resto del color del ojo.
Doce y treinta y cinco de la madrugada y un
nuevo amor de madre e hijo comenzaba a construirse. Ese pequeño que solo
observaba con tan solo horas de vida su alrededor, iba a ser quien se lleve
parte de la vida de su madre cuando su partida se pronunciaría de manera
repentina en su corto trayecto.
Mientras el tiempo transcurrió, Jordán y Victoria establecieron un lazo
muy particular. Tenían una relación muy especial, y él tenía esa mirada tan
dulce hacia ella. Jordán comenzó a leer a los 4 años y tenía un lenguaje muy
fluido, a pesar de ser muy rebelde era un joven muy intelectual y detrás de
todas sus travesuras se hallaba un niño muy culto.
A pesar de vivir en la pobreza y ser una
familia muy humilde, Victoria siempre les enseño a sus hijos a compartir e inculco
en ellos muchos valores sobre la vida y el hecho de ser solidarios con quienes
se relacionaban. Es por eso, que ella mientras va contando diferentes anécdotas
de lo que fue la niñez de su hijo, resalta determinados recuerdos donde pone en
evidencia esta cuestión de demostrarle
que siempre hay personas que tienen menos que otros.
Victoria detiene su relato y toma aire, necesita contener sus lágrimas
al recordar aquella parte de su vida cuando sintió el amor verdadero, cuando
supo al ver a ese pequeño que su vida cambiaria, - Fue un hijo muy especial y fue un parto que
nunca me lo voy a olvidar, nunca. Gracias, gracias por hacérmelo recordar-
Exclamo mientras secaba algunas de aquellas lagrimas que se escaparon en el
momento que pronunciaba aquellas palabras.
El 21 de abril del 2013 Jordán fue asesinado en
la Unidad 32, pero anteriormente había estado detenido en la Alcaidía Petinatto
de la cual se escapo limando los barrotes. Desde ese entonces la policía le
tomo bronca, y cuando volvieron a capturarlo comienzan a golpearlo, según le
cuenta a su madre. Por esta razón Victoria pide una medida cautelar, ya que
Jordán suponía que en algún momento algo malo le pasaría y así fue.
Ese
día de abril, mientras esperaba la visita de su familia Jordán, es sorprendido
por José Alejandro Muñoz Zapata, un preso de 27 años quien estaba acusado de
tres homicidios. Fue él quien le atravesó el corazón a Jordán con una faca de
casi 50 centímetros.
Victoria cuenta ese suceso con tristeza pero
al mismo tiempo con una gran impotencia, porque no puede entender como un preso
pude llegar a tener en sus manos un objeto cortante, ya que antes de entrar a
la unidad las visitas son revisadas y controladas, para que no puedan
ingresarle a los detenidos ningún tipo de objetos que puedan llegar a lastimar
a otros ni a ellos mismos.
El
momento en el que Jordán es herido, ningún oficial hace nada para ayudarlo,
dejaron que se desangre aproximadamente 15 minutos y después es trasladado al
hospital en el cual muere. La faca le toco la vena aorta, que es la principal
que distribuye toda la sangre al cuerpo, cuando es lastimado, el sigue
corriendo, hasta el momento en el que cae frente a un compañero, pero ya nada
se podía hacer. Si las personas que tenían el poder ahí adentro no intentaron
hacer nada, un simple preso tampoco podía salvarlo.
Victoria llena de dolor sigue dialogando con
quienes le hacen preguntas, recordando partes de la infancia de su hijo y todo
aquello que hace que sus ojos se llenen de lágrimas. No hay nada que pueda
quitarle esa tristeza que la acompaña todos los días, vive en una constante
lucha. Ya no solo es una lucha personal por su hijo, sino una lucha donde ella
no quiere que más jóvenes pasen por eso que tanto marco su vida.
Ella
perdió a su hijo, pero no va a permitir que mas jóvenes pierdan sus vidas ahí
adentro o en cualquier otra cárcel. Hay corrupción, es inexplicable la manera
en la cual los presos que deben de cumplir condena perpetua puedan conseguir
droga, objetos cortantes y hasta muchas veces puedan cumplir con sus antojos,
desde un fernet hasta una tableta de rivotril para calmar sus nervios.
- Yo no lo deje al luto, sabes que yo a veces
me pregunto si realmente hice el luto, no sé si hice- Dijo victoria mientras
las palabras suenan entre cortadas al recordar el momento en el cual se
despidió de su hijo. El día del velorio de Jordán, victoria se acerca al cajón
y le despega la boca y se inclina hacia él, para tirarle un poco de su
respiración. Al hacerlo le exclama que se lleve un poco de ella, que se guarde
un poco de su alma, en ese momento se revolcaba porque cerraban el cajón y
sabia que no volvería ver a su hijo.
Recuerda ese momento con mucha tristeza y
dolor. Y recuerda que no quería que cierren el cajón, pedía verlo por última vez, y así sucesivamente, quería
volver a abrazarlo y besarlo. Desde ese momento parte de su vida tomo otro
rumbo, ya no solo lucharía por superar esa pérdida, sino que seguiría dedicando
parte de sus fuerzas a ayudar a los demás presos.
Una
señora que a simple vista presenta una gran elegancia, pero una mirada llena de
nostalgia y desconsuelo, pero mas allá de eso sigue luchando por los cuatro
hijos que le regalan sonrisas y un gran afecto.
Victoria le pide al público, que la ayuden a
seguir adelante con aquella gran pelea de que los detenidos puedan insertarse
en la sociedad y que la corrupción disminuya. No quiere que mas victimas mueran
por maltratos o que no se tercioricen los asesinatos en las cárceles.
Una
charla, un relato, una autobiografía que conmovió a quienes la escuchaban, no
solo narro la pérdida de su hijo, sino que transmitió miles de sentimientos y
sensación con sus palabras. A veces es difícil de comprender el dolor ajeno,
pero Victoria logro con la simpleza y la sinceridad contagias esa angustia en
cada uno de los oyentes.
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