No es extraño que te extrañe, si por las noches tu recuerdo aparece intacto para acariciar mi espalda, para darme tranquilidad y hacerme sentir el mayor de los placeres.
Esa manera tan delicada en la cual te desplazabas en cada extremo de mi cuerpo, siempre fue tan particular, tan especial, tan estructurada, que en cada beso desarmabas los ideales, en cada caricia rompías con las barreras, en cada gesto descolocabas la mirada, y en cada segundo me hacías descubrir cada uno de aquellos juegos que entre sabanas se hacían cómplice de la experiencia.
El extrañar no es estancar el corazón, es seguir adelante, recordando cada detalle que te hizo un ser extraordinario en mi vida, un ser que supo cuidarme y darme el mayor de los gestos de amor, que conoció desde mi mayor tristeza hasta mi mayor felicidad. Esa manera en la cual hiciste perder el miedo, romper con los complejos, y dejarme desplazar lentamente sobre tu ser, encontrando un pigmento de sabiduría mientras de conocía en lo mas profundo y de manera natural.
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