En el horizonte del conurbano norte se observa
la villa San Fernando, la que guarda una historia muy particular, Víctor Manuel
el “Frente” Vital de diecisiete años es el protagonista de esa gran biografía
que se convirtió en leyenda, a través de sus hechos y su inesperada muerte
después de una persecución policial el 6 de febrero de 1999, al intentar huir
luego de un robo.
Este joven apodado como “El frente” transcurría sus días bajo el ritmo
de la cumbia en una zona que de lejos parecía un barrio y de cerca eran tan
solo pasillos, donde el hambre se hacía notar en los niños y en la preocupación
de cada madre al acercarse el mediodía, donde corrían por las calles buscando
con que llenar los estómagos de sus familias, parecía un desfile, cada una
buscaba lo que les hacía falta y otras recurrían a la bondad de los vecinos
para ver cuál sería el menú. Entre espacio y espacio de los pasillos, se
murmuraban los viejos códigos de la delincuencia, en los cuales Víctor se
manejaba, había aprendido a robar y ser muy astuto en sus actos desde los trece
años, teniendo los consejos de aquellos que ya habían dejado la profesión por
viejos o por razones que eran más fundamentales, como elegir trabajar después
de estar tras las rejas y tratar de darle una vida distinta a sus familias.
En la madrugada de aquel sábado Víctor pone en práctica su plan de robar
al dueño de la fábrica de muebles, junto la compañía de coquí y Luisito dos
integrantes de la bandita llamada “los bananita”. A los 10 minutos de salir, ya
se encontraban apuntando al dueño de la fábrica con un arma, y quince minutos
más tarde salían corriendo del lugar apostando a la mala suerte, ya que los dos
patrulleros que rondaban la zona recibieron la alerta de aquel asalto. A medida
que corrían, las sirenas se escuchan más cerca, Víctor corría en primer lugar,
como si estaba en una maratón disfrutando la adrenalina, ya que estaba
acostumbrado a esos escapes en los cuales siempre encontraba como escabullirse, detrás de él
trataban de seguir su ritmo agotados coquí y Luisito.
En el intento de escape, queda en el camino Coquí, agotado, sin aire,
cansado, tratando de esconderse de los policías, pero finalmente en su intento
de ocultarse lo descubrieron y fue el primero en caer bajo las leyes. Al ritmo de los segundos Víctor y Luisito
seguían con el rumbo de su escape, tratando de saltar cada obstáculo, dejando
que todo lo que estaba a sus costado sea
parte de una película de ficción, los reflejos aumentaban en cada paso,
afirmando el trote que los hacia adelantar centímetro tras centímetro, y así
lograron refugiarse inmediatamente en la primer casilla amiga, donde serian
recibido y ayudados para no ser descubiertos. Una mujer mayor les dio paso en
su precario hogar, Doña Inés Vera los refugio y quedo parada en la puerta
esperando que pasara el tiempo y los chicos lograron ocultarse, se camuflaron bajo la mesa como si estuvieran
jugando en la niñez, un escondite que
creían seguro pero que en si mismo era muy evidente.
La policía observo aquel movimiento, y no tuvo pudor al maltratar a la
mujer y entrar a su rancho, donde se encontraban ocultos Víctor y Luisito, ya
no tenían las armas, se las habían dado a doña Inés para que las ocultara y el
dinero. La policía hallo el dinero, pero no las armar que se encontraban detrás
de un ropero. Al ingresar los efectivos Sosa, Arroyo, Gómez, Rodríguez y Massoni, El frente esperaba negociar
entregándose y saliendo vivo de aquel delito, pero no sucedió lo esperado. Los
chicos escondidos bajo la mesa, pensaron que zafarían, pero vieron entrar
a una mujer policía y dos hombres con
sus armas, el Sargento Sosa era quien iba adelante con su pistola, patea la
mesa y queda frente a frente con los
adolescentes, los cuales querían entregarse pero la ira que dominaba en aquel
oficial fue más impulsiva, y dio inicio a un quemarropa. Luis sabia que los
fusilarían, y salto hacia la puerta, pero en aquel acto una bala mientras se
desplazaba en el aire le rozo el cráneo, dejándolo inconsciente, con medio
cuerpo hacia el pasillo y la otra mitad dentro del rancho.
El Frente intentó protegerse
cruzando las manos sobre la cara como si con ellas taparía un molesto rayo de
sol. Luisito recuperó la conciencia a los pocos minutos, pero se quedó
petrificado tratando de parecer un cadáver. (Cita directa). Víctor recibió cuatro disparos por
los cuales falleció casi en el momento en que el plomo entro a su cuerpo.
Los rumores de su muerte fueron inmediatos, toda la villa comenzó a
pasar boca a boca aquella frase que quedaría guardada por siempre en sus memorias
“Parece que mataron al Frente”, la multitud comenzó a amontonarse en el rancho
de doña Inés, esperando una respuesta, ilusionados por ver salir al Frente,
pero nada de eso sucedió. Debían de esperar a un familiar para poder sacar el
cuerpo y dar a conocer la verdad. Entre la multitud se encontraban los amigos
del Frente, quienes dos de ellos decidieron buscar a la madre, les costó
convencerla, ella solo pensaba que lo llevarían preso, nunca imagino que había
perdido a su hijo menor.
Al llegar la madre y ver tanto amontonamiento
de gente y las cámaras comenzó a sentir que algo mas allá de sus pensamientos
había sucedió, bajo del remis y comenzó a caminar, la gente iba abriendo paso,
dejando en medio un silencio que solo dejaba escuchar pequeños ruidos a lo
lejano. Al toparse con la barrera de policías, exclamo que le dijeran donde se
encontraba su hijo, a primeras palabras no le daban respuesta por lo cual no
pudo controlarse y ataco a la oficial de pelo corto que se encontraba
custodiando la puerta, quien trato de tranquilizarla y le dijo que su hijo
había muerto. Bajo un grito de dolor profundo, dio por certero el rumor a todos
aquellos que estaban allí esperando saber que era en fin lo que había sucedió.
En aquel momento en que sacaron el cuerpo de Víctor Manuel el “Frente”
Vital una tormenta se aproximo, convirtiendo la luz del día en un oscuro
mediodía, donde las primeras gotas de la lluvia fueron testigo de aquella
perdida tan dolorosa. La multitud comenzó a enfrentar a los oficiales, sabían que
lo habían matado adrede, que lo habían hecho de manera fría y lo tomaban como
una victoria, una guerra entre el acoplamiento de las villas se desato contra
los policías, pero, en eso momento la Madre de Víctor pidió por favor que
guarden la calma, que dejen las armas y la acompañen a despedir a su hijo en
paz.
El velorio duro 24 horas, en las cuales gente de todo el conurbano norte
llego para despedirse del “frente”, quienes lo recordaban como aquel joven que
repartía lo que obtenía entre la gente de la villa. Aquel día la cuadra de
French entre Pinto e ituzaingó se lleno de jóvenes, familias para despedirlo,
al sacar el ataúd los disparos en el cielo fueron como un homenaje, donde
parecía una navidad con cientos de fuegos artificiales, las coronas abundaban,
eran una cantidad no esperada, entre los grupos de adolescentes juntaron plata
para comprarle coronas, y una de ellas era muy especial, la corona de boca. Un
tiempo atrás Víctor le habría dicho a su madre: “Si me agarran, que me hagan una corona con flores de Boca”, había dicho
como bromeando sobre un futuro anunciado. (Cita Directa).
Desde el momento en que le dieron sepultura, este joven se convirtió en
un Santo, donde todos aquellos que rigen la delincuencia se juntan por las
noches en su tumbo, en el cementerio de San Fernando sobre el sector más pobre,
pero resalta su tumba por las ofrendas que grupos de chicos le ofrecen para pedirle Protección.
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