jueves, 15 de agosto de 2013

Un alma perdida endulzada como un ángel

    En el horizonte del conurbano norte se observa la villa San Fernando, la que guarda una historia muy particular, Víctor Manuel el “Frente” Vital de diecisiete años es el protagonista de esa gran biografía que se convirtió en leyenda, a través de sus hechos y su inesperada muerte después de una persecución policial el 6 de febrero de 1999, al intentar huir luego de un robo.
  Este joven apodado como “El frente” transcurría sus días bajo el ritmo de la cumbia en una zona que de lejos parecía un barrio y de cerca eran tan solo pasillos, donde el hambre se hacía notar en los niños y en la preocupación de cada madre al acercarse el mediodía, donde corrían por las calles buscando con que llenar los estómagos de sus familias, parecía un desfile, cada una buscaba lo que les hacía falta y otras recurrían a la bondad de los vecinos para ver cuál sería el menú. Entre espacio y espacio de los pasillos, se murmuraban los viejos códigos de la delincuencia, en los cuales Víctor se manejaba, había aprendido a robar y ser muy astuto en sus actos desde los trece años, teniendo los consejos de aquellos que ya habían dejado la profesión por viejos o por razones que eran más fundamentales, como elegir trabajar después de estar tras las rejas y tratar de darle una vida distinta a sus familias.
   En la madrugada de aquel sábado Víctor pone en práctica su plan de robar al dueño de la fábrica de muebles, junto la compañía de coquí y Luisito dos integrantes de la bandita llamada “los bananita”. A los 10 minutos de salir, ya se encontraban apuntando al dueño de la fábrica con un arma, y quince minutos más tarde salían corriendo del lugar apostando a la mala suerte, ya que los dos patrulleros que rondaban la zona recibieron la alerta de aquel asalto. A medida que corrían, las sirenas se escuchan más cerca, Víctor corría en primer lugar, como si estaba en una maratón disfrutando la adrenalina, ya que estaba acostumbrado a esos escapes en los cuales siempre  encontraba como escabullirse, detrás de él trataban de seguir su ritmo agotados coquí y Luisito.
  En el intento de escape, queda en el camino Coquí, agotado, sin aire, cansado, tratando de esconderse de los policías, pero finalmente en su intento de ocultarse lo descubrieron y fue el primero en caer bajo las leyes.  Al ritmo de los segundos Víctor y Luisito seguían con el rumbo de su escape, tratando de saltar cada obstáculo, dejando que  todo lo que estaba a sus costado sea parte de una película de ficción, los reflejos aumentaban en cada paso, afirmando el trote que los hacia adelantar centímetro tras centímetro, y así lograron refugiarse inmediatamente en la primer casilla amiga, donde serian recibido y ayudados para no ser descubiertos. Una mujer mayor les dio paso en su precario hogar, Doña Inés Vera los refugio y quedo parada en la puerta esperando que pasara el tiempo y los chicos lograron ocultarse, se  camuflaron bajo la mesa como si estuvieran jugando  en la niñez, un escondite que creían seguro pero que en si mismo era muy evidente.
  La policía observo aquel movimiento, y no tuvo pudor al maltratar a la mujer y entrar a su rancho, donde se encontraban ocultos Víctor y Luisito, ya no tenían las armas, se las habían dado a doña Inés para que las ocultara y el dinero. La policía hallo el dinero, pero no las armar que se encontraban detrás de un ropero. Al ingresar los efectivos Sosa, Arroyo, Gómez, Rodríguez y  Massoni, El frente esperaba negociar entregándose y saliendo vivo de aquel delito, pero no sucedió lo esperado. Los chicos escondidos bajo la mesa, pensaron que zafarían, pero vieron entrar a  una mujer policía y dos hombres con sus armas, el Sargento Sosa era quien iba adelante con su pistola, patea la mesa  y queda frente a frente con los adolescentes, los cuales querían entregarse pero la ira que dominaba en aquel oficial fue más impulsiva, y dio inicio a un quemarropa. Luis sabia que los fusilarían, y salto hacia la puerta, pero en aquel acto una bala mientras se desplazaba en el aire le rozo el cráneo, dejándolo inconsciente, con medio cuerpo hacia el pasillo y la otra mitad dentro del rancho.
  El Frente intentó protegerse cruzando las manos sobre la cara como si con ellas taparía un molesto rayo de sol. Luisito recuperó la conciencia a los pocos minutos, pero se quedó petrificado tratando de parecer un cadáver. (Cita directa). Víctor recibió cuatro disparos por los cuales falleció casi en el momento en que el plomo entro a su cuerpo.
  Los rumores de su muerte fueron inmediatos, toda la villa comenzó a pasar boca a boca aquella frase que quedaría guardada por siempre en sus memorias “Parece que mataron al Frente”, la multitud comenzó a amontonarse en el rancho de doña Inés, esperando una respuesta, ilusionados por ver salir al Frente, pero nada de eso sucedió. Debían de esperar a un familiar para poder sacar el cuerpo y dar a conocer la verdad. Entre la multitud se encontraban los amigos del Frente, quienes dos de ellos decidieron buscar a la madre, les costó convencerla, ella solo pensaba que lo llevarían preso, nunca imagino que había perdido a su hijo menor.
  Al llegar la madre y ver tanto amontonamiento de gente y las cámaras comenzó a sentir que algo mas allá de sus pensamientos había sucedió, bajo del remis y comenzó a caminar, la gente iba abriendo paso, dejando en medio un silencio que solo dejaba escuchar pequeños ruidos a lo lejano. Al toparse con la barrera de policías, exclamo que le dijeran donde se encontraba su hijo, a primeras palabras no le daban respuesta por lo cual no pudo controlarse y ataco a la oficial de pelo corto que se encontraba custodiando la puerta, quien trato de tranquilizarla y le dijo que su hijo había muerto. Bajo un grito de dolor profundo, dio por certero el rumor a todos aquellos que estaban allí esperando saber que era en fin lo que había sucedió.
  En aquel momento en que sacaron el cuerpo de Víctor Manuel el “Frente” Vital una tormenta se aproximo, convirtiendo la luz del día en un oscuro mediodía, donde las primeras gotas de la lluvia fueron testigo de aquella perdida tan dolorosa. La multitud comenzó a enfrentar a los oficiales, sabían que lo habían matado adrede, que lo habían hecho de manera fría y lo tomaban como una victoria, una guerra entre el acoplamiento de las villas se desato contra los policías, pero, en eso momento la Madre de Víctor pidió por favor que guarden la calma, que dejen las armas y la acompañen a despedir a su hijo en paz.
  El velorio duro 24 horas, en las cuales gente de todo el conurbano norte llego para despedirse del “frente”, quienes lo recordaban como aquel joven que repartía lo que obtenía entre la gente de la villa. Aquel día la cuadra de French entre Pinto e ituzaingó se lleno de jóvenes, familias para despedirlo, al sacar el ataúd los disparos en el cielo fueron como un homenaje, donde parecía una navidad con cientos de fuegos artificiales, las coronas abundaban, eran una cantidad no esperada, entre los grupos de adolescentes juntaron plata para comprarle coronas, y una de ellas era muy especial, la corona de boca. Un tiempo atrás Víctor le habría dicho a su madre: “Si me agarran, que me hagan una corona con flores de Boca”, había dicho como bromeando sobre un futuro anunciado. (Cita Directa).

  Desde el momento en que le dieron sepultura, este joven se convirtió en un Santo, donde todos aquellos que rigen la delincuencia se juntan por las noches en su tumbo, en el cementerio de San Fernando sobre el sector más pobre, pero resalta su tumba por las ofrendas que grupos de chicos  le ofrecen para pedirle Protección. 

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