martes, 20 de agosto de 2013

Lectura,

Un sueño al de no querer despertar, un escape de la realidad. Entre libros que alimentan la imaginación, que captan un segundo al pasar, intentando retractar el escrito de un aventurero. 
Compilando en su pasar segmentos de historias que llegaron al límite de la fantasía existente en su intelecto. 
Es buscar, alimentar y codiciar un mundo interior, en el cual no hay adversidades mayores a las que no pueda nuestro personaje superar, donde cada palabra juega con su estado de ánimo, le da un tópico de sensaciones extravagantes. 
La lluvia tan solo es la delicada caída de diminutas gotas que atraviesan esa fina línea de lo imaginable y la realidad, haciendo caer en la aventura más suntuosa, compilando detalles para reflejarlos en la extraña realidad. 
Las estaciones son de aquellas que encantan la vista humana, que hacen que los cálidos acompañen el fino trazo de la tinta que va narrando un nuevo aspecto interior de liberación. 
Entre hoja y hoja, letras, oraciones y párrafos se crea un nuevo colapso de fantásticas experiencias que nos alimentan para recrear ese acto en la abundante existencia. 
Es buscar entre esa biografía interior un pigmento que aumente nuestro valor, para despertar, abundar en la ciudad las ganas de vivir y arriesgar la prudencia de querer, sonreír y descubrir.

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