Me gusta tanto, que ni siquiera me interesa entender su cabeza.
No necesito más que su locura para volar, la realidad a veces es demasiado cruda, por eso prefiero y deseo perderme en su mundo. Donde las risas entre cuatro paredes hicieron algo sensato donde los nervios y las dudas volaban a su alrededor.
Que placer ese momento, donde su risa y ser más sincero eran todo lo que existía en ese momento. Qué travesía encontrar magia cuando no creía en nada ni lo esperaba.
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